Cambio climático vs negacionismo

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Me parece un poco increíble que a estas alturas todavía estemos dándole vueltas al cambio climático. Que tengamos que seguir justificando y debatiendo con negacionistas. Que sigamos cerrando lo ojos a los datos y a la ciencia. Además de las evidencias y los intereses políticos/económicos.

He revisado los últimos informes de Copernicus, la OMM y el reporte de los «10 New Insights in Climate Science«, y la conclusión es clara: estamos en un sistema que ha perdido su equilibrio. Os voy a dar la munición necesaria —datos reales y no opiniones— para entender que la transición no es una opción ideológica, sino una necesidad de supervivencia económica y física.

La radiografía del desequilibrio: ¿por qué 2025 es un punto de inflexión?

Los datos de 2025 no son solo «otro récord». Representan un cambio estructural. La temperatura media global entre enero y agosto de 2025 se situó 1.42 °C por encima de los niveles preindustriales. Lo más alarmante es que el promedio trienal 2023-2025 ya ha superado oficialmente el umbral crítico de 1.5 °C por primera vez en la historia instrumental. Esto significa que el objetivo del Acuerdo de París ya no es un límite que estamos «rozando», sino una condición climática que ya estamos habitando.

¿Qué está impulsando este salto cualitativo? No es solo el fenómeno de El Niño. Investigaciones lideradas por James Hansen sugieren que la reducción de los aerosoles marítimos (debido a las regulaciones de azufre en combustibles de barcos desde 2020) ha eliminado un «escudo» que reflejaba la luz solar. Al “limpiar” el aire, hemos revelado la verdadera sensibilidad climática de la Tierra, que podría ser de hasta 4.5 °C por duplicación de CO₂, mucho más alta de lo que estimaba el IPCC.

Esto viene a respaldar el sistema multifuncional que rige el clima y nuestro planeta. Cómo efectos adversos tienen impacto positivo en otros aspectos no considerado y viceversa

A esto se suma un Desequilibrio Energético de la Tierra (EEI) sin precedentes. El planeta retiene energía a un ritmo que duplica las estimaciones previas, y el 90% de ese calor se almacena en los océanos. En 2024, el contenido de calor oceánico alcanzó niveles récord, y los datos preliminares de 2025 muestran que la tendencia continúa, lo que hace que los cambios sean irreversibles en escalas de tiempo de siglos.

Consecuencias: más allá del termómetro

El impacto ya no es una proyección para 2100; es un coste directo en nuestra cuenta de resultados y en nuestra salud pública:

  1. El desplome de la productividad: El estrés térmico está diezmando la capacidad laboral. En sectores de alta exposición como la construcción y la agricultura, las horas perdidas por trabajador han pasado de 4 horas anuales (1995-2000) a 16 horas en el periodo 2016-2019. Si llegamos a los 2.5 °C, se proyecta una pérdida de hasta el 50% de las horas de trabajo efectivas en regiones tropicales.
  2. La factura económica europea: Entre 1980 y 2023, los eventos climáticos extremos han costado a la UE más de 738.000 millones de euros. De esta cifra, 162.000 millones corresponden solo a los últimos tres años. En 2023, las inundaciones en Eslovenia costaron el 16% de su PIB.
  3. Crisis de salud global: El aumento de temperaturas ha expandido el hábitat del mosquito Aedes aegypti, provocando en 2025 el brote de dengue más extenso registrado en la historia, con más de 14 millones de casos solo en las Américas.
  4. Sumideros de carbono al límite: Por primera vez, vemos señales de que la naturaleza está perdiendo su capacidad de ayudarnos. En 2023, el sumidero de carbono terrestre cayó drásticamente debido a incendios forestales masivos y sequías, con un tercio de las áreas de permafrost actuando ya como emisores netos de CO₂ y metano.

Desmontando el muro del negacionismo

A pesar de esta montaña de evidencia, el «ruido» desinformativo ha aumentado un 2.900% en algunas plataformas digitales durante 2025. Es hora de usar la ciencia para desmontar los mitos más comunes:

  • Mito 1: «Es solo un ciclo natural de la Tierra»

Realidad: Es cierto que el clima ha cambiado en los últimos 4.500 millones de años, pero nunca a esta velocidad. Cambios que normalmente tomaban cientos de miles de años están ocurriendo en décadas. El calentamiento actual es 10 veces más rápido que el promedio tras una era de hielo.

  • Mito 2: «Sigue haciendo frío/nieva, luego el calentamiento es falso»

Realidad: El tiempo es lo que ocurre hoy; el clima es la tendencia a largo plazo. Un mundo más cálido retiene más humedad, lo que puede provocar tormentas de nieve más intensas y eventos de frío extremo paradójicos debido a la desestabilización de las corrientes atmosféricas.

  • Mito 3: «El CO₂ es alimento para las plantas, es bueno»

Realidad: Aunque las plantas necesitan CO₂, el exceso provoca sequías y olas de calor que superan cualquier beneficio de «fertilización». En 2025, hemos visto cómo ecosistemas del hemisferio norte se degradan y mueren precisamente por el calor extremo asociado a ese CO₂.

  • Mito 4: «La Niña está enfriando el planeta, la crisis se ha detenido»

Realidad: Enero de 2026 ha sido el enero más cálido registrado a pesar de tener condiciones de La Niña en el Pacífico. El calentamiento antropogénico es ahora tan potente que «ahoga» las variaciones naturales de enfriamiento.

  • Mito 5: «Los modelos climáticos no son fiables»

Realidad: Los modelos formulados hace 50 años han predicho con una precisión asombrosa las temperaturas superficiales actuales. Lo que los modelos a veces fallan es en prever la rapidez de los eventos extremos, que están superando las peores proyecciones.

Un horizonte de soluciones: la era de la electricidad

No todo son sombras. 2025 también ha sido el año de los hitos tecnológicos. Por primera vez, las energías renovables han superado al carbón en la generación eléctrica mundial. La energía solar cubrió por sí sola el 83% del crecimiento de la demanda eléctrica global en la primera mitad de 2025.

Además, la COP30 en Belém ha desbloqueado mecanismos como el Fondo TFFF (125.000 millones de dólares) para pagar a países por mantener sus bosques en pie, reconociendo por fin el valor económico de la naturaleza conservada.

La ciencia es clara: somos la última generación con margen real para actuar. El negacionismo ya no es solo un error científico; es un riesgo financiero y humano que no nos podemos permitir. La transición hacia un modelo circular y descarbonizado es la única hoja de ruta que garantiza un futuro de bienestar.

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