La paradoja del fósforo

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El fósforo es un elemento insustituible. Sin él, no hay vida; así de simple. Es el motor de nuestra agricultura y, por tanto, de nuestra seguridad alimentaria. Pero aquí viene la «letra pequeña» que solemos ignorar: es un recurso finito y no renovable que se extrae principalmente de rocas fosfáticas.

Tenemos un problema serio con el fósforo. No es solo una cuestión de fertilizantes para el campo.

La foto actual es preocupante. Más del 80% de las reservas mundiales están concentradas en apenas cuatro países: Marruecos, China, Egipto y Argelia. ¿Y la Unión Europea? Pues estamos en una situación de dependencia absoluta, importando más del 90% de lo que consumimos. Esta fragilidad hizo que la Comisión Europea declarara el fósforo como Materia Prima Crítica ya en 2014. No es una advertencia nueva, pero los eventos geopolíticos recientes —como las restricciones de exportación de China o las tensiones en el este de Europa— han disparado los precios y puesto en jaque nuestra resiliencia económica.

El ciclo roto: de nutriente esencial a contaminante ambiental

En un mundo ideal, el ciclo del fósforo sería cerrado: las plantas lo absorben del suelo, nosotros (o el ganado) lo consumimos y luego vuelve a la tierra. Pero hemos roto ese ciclo. Actualmente, gran parte del fósforo que aplicamos como fertilizante mineral termina «perdido» en el camino.

¿Dónde acaba? Principalmente en nuestras aguas residuales y sistemas de alcantarillado. Se estima que las mayores pérdidas de fósforo en la UE provienen del sector de las aguas residuales (un 55% del total perdido). Esto no solo es un desperdicio de recursos, sino que tiene consecuencias ambientales dramáticas: la eutrofización.

La saturación de nutrientes en nuestros mares y ríos está provocando un crecimiento descontrolado de algas que agota el oxígeno y mata los ecosistemas. El último Informe de Sostenibilidad de la UE 2025 es tremendo: la superficie marina afectada por la eutrofización ha crecido de forma alarmante en el último lustro. Hemos pasado de tener un nutriente valioso a generar un contaminante que destruye la biodiversidad común, con declives de más del 50% en poblaciones de mariposas y aves de tierras agrícolas.

La Economía Circular como tabla de salvación (y oportunidad de negocio)

Aquí es donde entra nuestra visión como expertos en circularidad. Si el fósforo está en las aguas residuales y en los lodos de depuradora, ahí es donde tenemos nuestra «mina» urbana. La aplicación de modelos circulares no es solo una cuestión romántica de proteger el medio ambiente; es una estrategia de competitividad y soberanía.

  1. Recuperación en aguas residuales: es emocionante ver iniciativas como el proyecto Endorse, liderado por Cetaqua, que ya está implementando estrategias transnacionales en España, Francia y Portugal para recuperar sales de fósforo de las aguas residuales. Utilizan tecnologías como la precipitación en cascada para obtener fertilizantes sostenibles (biofertilizantes), reduciendo la dependencia de las importaciones y cerrando el ciclo de nutrientes en el sector agroalimentario.
  2. El potencial de los lodos y las cenizas: no podemos ignorar el potencial de los lodos de depuradora. Países como Alemania y Suiza ya han legislado para que la recuperación de fósforo sea obligatoria en plantas de cierto tamaño. Las tecnologías actuales permiten recuperar hasta un 95% del fósforo mediante el tratamiento de las cenizas de incineración de lodos. Es, literalmente, minería de residuos.
  3. Valorización del estiércol: en el sector agrícola, el estiércol es una fuente masiva de fósforo que a menudo se gestiona mal. Al transformarlo en fertilizantes de liberación controlada, no solo protegemos el suelo de la sobrefertilización, sino que convertimos un residuo problemático en un activo valioso para las pymes agrícolas.

¿Hacia dónde vamos? Retos y hoja de ruta

A pesar de las «luces» tecnológicas, aún hay «sombras» en la implementación. El II Plan de Acción de Economía Circular de España (2024-2026) señala la necesidad de profundizar en la circularidad del sector agrícola y ganadero, pero todavía falta concreción y presupuestos asignados para escalar estas soluciones.

Los retos son claros:

  • Inversión: las plantas de recuperación requieren una inversión inicial alta y plazos de amortización largos.
  • Legislación: necesitamos marcos regulatorios que incentiven el uso de fertilizantes recuperados frente a los minerales vírgenes.
  • Concienciación: debemos entender que el fósforo que tiramos por el retrete es un recurso estratégico que no podemos permitirnos perder.

Conclusión

El fósforo es la prueba de fuego para la economía circular en la UE. Tenemos la tecnología y tenemos la necesidad estratégica. Lo que nos falta es acelerar la transición para que recuperar este «oro blanco» sea la norma y no la excepción. Las empresas que sepan posicionarse en esta cadena de valor —desde la tecnología de recuperación hasta la aplicación de biofertilizantes— serán las que lideren la agricultura sostenible del futuro.

Otra lección aprendida es localizar “nuestros fósforos” en las actividades de nuestras empresas. Esos subproductos, residuos o productos al final de su vida útil que son recursos latentes.

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