ODS 2025: un balance crítico tras 10 años

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Han pasado diez años desde que en septiembre de 2015 los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas adoptaran la Agenda 2030, un compromiso colectivo para erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar el bienestar universal.

La realidad es compleja y nos sitúa ante lo que los expertos denominan una «policrisis»: una colisión de avances socioeconómicos con crisis sistémicas sin precedentes. He revisado el Informe de Sostenibilidad de la UE 2025 de Eurostat y el Informe Global de los ODS 2025 de la ONU y la conclusión es clara: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son un conjunto de objetivos necesarios en un planeta con recursos finitos.

Con solo cinco años por delante, es imprescindible dejar de lado los diagnósticos y pasar a una fase de aceleración para evitar que la Agenda 2030 sea solo un marco aspiracional.

Balance de los 10 años de ODS según los informes de 2025

El balance global al llegar a 2025 ofrece una visión crítica: solo el 17-18% de las 169 metas evaluadas están en camino de alcanzarse para 2030. Un preocupante 18% de las metas muestra un retroceso, situándose por debajo de los niveles de referencia de 2015, mientras que casi la mitad (48%) presenta un progreso insuficiente o un estancamiento total. Esta «foto general» revela luces y sombras muy marcadas: mientras que los avances en temas sociales y económicos son notables en regiones desarrolladas, los retrocesos ambientales son alarmantes a nivel mundial.

En la última década, millones de vidas han mejorado gracias a los ODS, pero el ritmo de progreso es demasiado lento para cumplir la ambición de «no dejar a nadie atrás». La Unión Europea, aunque va por delante en muchos temas, demuestra que la transición hacia una economía realmente circular y sostenible está siendo más difícil de lo que nos gustaría. A nivel internacional, hemos visto que el compromiso político es alto —con 190 países participando en revisiones nacionales voluntarias— pero este compromiso no se ha traducido equitativamente en logros cuantitativos en todas las regiones.

Claves más importantes

Para entender dónde estamos, debemos desglosar los hitos y fracasos más determinantes de esta década:

  1. Avances en infraestructura y conectividad: el acceso a la infraestructura básica ha sido un motor considerable. Para 2023, el 92% de la población mundial tenía acceso a la electricidad y el uso de internet creció exponencialmente del 40% en 2015 al 68% en 2024.
  2. Salud pública y resiliencia: se han registrado hitos considerables, como la eliminación de enfermedades tropicales desatendidas en 54 países y una reducción del 40% en nuevas infecciones por VIH desde 2010. No obstante, la pandemia de COVID-19 nos hizo retroceder, reduciendo la esperanza de vida saludable global en 1,8 años.
  3. El estancamiento de la Economía Circular (ODS 12): este es, desde mi enfoque, el mayor «tirón de orejas» de los informes de 2025. En la UE, la tasa de uso de material circular está estancada por debajo del 12%, muy lejos del objetivo de duplicarla para 2030. A nivel global, la métrica de circularidad se sitúa apenas entre el 6,9% y el 8,6%, lo que significa que más del 90% de los materiales extraídos no regresan al sistema productivo.
  4. Emergencia climática y biodiversidad: el año 2024 fue el más cálido jamás registrado, superando temporalmente la barrera de +1,5 °C. La biodiversidad sigue en caída libre: por ejemplo, las poblaciones de mariposas de pastizales en la UE han caído más del 50% y las especies del Índice de la Lista Roja muestran un descenso continuo.
  5. Desigualdad estructural: la brecha de género sigue siendo una barrera sistémica; al ritmo actual, se necesitarían otros 123 años (según el Foro Económico Mundial) o incluso 286 años (según la ONU) para alcanzar la paridad plena.

Proyección para 2030

A falta de cinco años para la fecha límite, los modelos pintan un panorama preocupante si no hay un cambio de rumbo drástico. Según las trayectorias actuales, la puntuación global media de los ODS alcanzará aproximadamente el 63% para el año 2030, quedando muy lejos del cumplimiento ideal.

  • Pobreza y hambre: se estima que en 2030 todavía habrá unos 575 millones de personas viviendo en pobreza extrema (el 7% de la población mundial). El hambre, lejos de erradicarse, podría afectar a un número de personas similar al de 2015 debido al repunte causado por conflictos y crisis climáticas.
  • Educación: alrededor de 84 millones de niños y jóvenes seguirán fuera del sistema educativo para el final de la década.
  • Salud infantil: aunque la mortalidad de menores de 5 años se ha reducido un 16%, las tendencias actuales proyectan 30 millones de muertes para 2030, de las cuales 8 millones podrían evitarse si se cumplieran las metas de los ODS.
  • Medio ambiente: es muy probable que el umbral de 1,5 °C de calentamiento global se exceda temporalmente y no se logre detener la degradación de ecosistemas, incumpliendo la meta de proteger el 30% de las tierras y océanos.

Pros y contras de la situación actual

El análisis del progreso permite identificar motores de cambio y amenazas sistémicas.

Pros (motores de cambio):

  • Conciencia y liderazgo local: el liderazgo de las ciudades a través de los informes locales voluntarios (VLR) está permitiendo implementar soluciones circulares de forma más ágil que los gobiernos nacionales.
  • Energías renovables: son la fuente de energía de más rápido crecimiento y se cree que superarán al carbón como principal fuente de electricidad mundial en 2025.
  • Innovación tecnológica: la caída de costes en energía solar y eólica, junto con la IA para la agricultura de precisión, ofrece herramientas poderosas para la eficiencia de recursos.

Contras (amenazas sistémicas):

  • Efectos impactos transfronterizos: los países ricos externalizan sus impactos negativos. Por ejemplo, el 39% de las emisiones ligadas al consumo de la UE se generan fuera de sus fronteras, principalmente en China.
  • Erosión del multilateralismo: la deserción de grandes potencias de acuerdos clave (como la retirada de EE. UU. del Acuerdo de París y la OMS) y la falta de consenso en tratados críticos como el de los Plásticos socavan la cooperación global.
  • Deuda insostenible: los países en desarrollo dedican una gran parte de sus recursos al pago de intereses, superando a menudo sus presupuestos de salud o educación.

Principales barreras y cómo superarlas

Para reencauzar la Agenda 2030, debemos derribar barreras estructurales mediante acciones valientes. Algunos casos:

  1. El abismo financiero: existe un déficit de financiación de 4 billones de dólares anuales para los países en desarrollo. Solución: la reforma de la Arquitectura Financiera Internacional (AFI) y el cumplimiento del «Compromiso de Sevilla» (FfD4) son vitales para proporcionar préstamos asequibles y aliviar la deuda de las naciones vulnerables.
  1. El modelo económico lineal: la persistencia de subsidios a los combustibles fósiles y la falta de incentivos para la circularidad alteran los mercados. Alternativa: implementar reformas fiscales verdes que graven la extracción de recursos vírgenes y reduzcan los impuestos al trabajo en actividades de reparación y reciclaje.
  1. Incoherencia de políticas: los ministerios trabajan a menudo en silos, con políticas comerciales que contradicen los objetivos de biodiversidad. Solución: adoptar los seis «SDG Transitions» de la ONU, que proponen cambios sistémicos simultáneos en sistemas alimentarios, energía, conectividad digital, educación, empleo y biodiversidad.

Conclusiones

El análisis profundo de 2025 confirma que los ODS no son una opción, sino una necesidad para la supervivencia en un planeta agotado. La brecha entre la ambición de 2015 y la realidad de 2025 es grande, pero no insalvable si se actúa con la urgencia que el momento demanda. El éxito de los próximos cinco años dependerá críticamente de tres factores: la voluntad política para reformar el sistema financiero, el fortalecimiento de un multilateralismo basado en la evidencia y la aceleración sin precedentes de la economía circular para mantener el calentamiento por debajo de los 1,5 °C.

No podemos permitirnos llegar a 2030 habiendo cumplido solo parcialmente nuestra promesa. Cada ciudad, empresa y ciudadano tiene un rol en este esfuerzo final: es hora de pasar de las promesas a la acción decidida y convertir la visión de un mundo sostenible en una realidad duradera. El reloj avanza más rápido que nuestros resultados; solo actuando ahora podremos construir el futuro que todos merecemos.

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